En alguna parte
(14 versiones sobre el mar)
Es curioso como hacemos cosas por buscar otras cosas… por ejemplo vaciar la casa de cabeza averiguando si lo que buscamos aparece… me ocurrió aquello de buscar y, encontrar lo que “no” imaginaba que buscaba.
En estos días pensaba que tengo poco en esta ciudad, así que en mi actual casa no hay tantas cosas en realidad… pensaba todo el tiempo, “¿en dónde habré dejado esto o aquello?, ¿en casa de mi madre, en la de mi padre o en dónde vivía antes?”
Lo que encontré fueron fotos… esas nunca faltan porque a donde vaya me llevo aquellas que puede pescar en la última mudanza, de entre las miles de cosas que se transportan como las que necesitaremos en nuestra nueva vida en otro sitio.
Ahí, dos fotos del mar, me hicieron recordar que yo provengo de ahí… si, si, siempre ando de ciudad en ciudad haciendo esto o aquello y me siento rara cuando me preguntan de dónde soy, pues con tantos sitios en los que he vivido nunca se que contestar, (a veces menciono que de el último en que estuve), sin embargo una idea permanece más allá y es que con tanto lugar en mi memoria y como sea que haya sido, yo vine del mar y que es allá a donde me gustaría ir cuando ya no quiera ir más a ninguna parte.
(Fragmento carta, abril del 2013)
Mares de Hiroshi Sugimoto




De las palabras de alguien entrañable recupero siempre aquellas provenientes de un poema de Francisco Hernández:
“La agonía frente al mar siempre es dichosa”.
Recuerdo siempre, junto con esta línea, que escuché y leí en muchas veces como antesala de una poema, que frente al mar he podido captar los más profundos y abismales horizontes y entonces otra idea viene consecuente a mi cabeza; la idea de que lo que agoniza ante una la línea divisoria, a veces la finitud del cielo, a veces la finitud del agua, a veces la finitud del día o de la noche, es en realidad la finitud respecto a lo que alcanzamos a percibir desde nuestra limitada vista; lo que agoniza es nuestra certeza, y esa agonía me provoca una especie de miedo.
Alguna vez en una carta, recibí una serie de horizontes de mares a partir de los que esta sensación fue muy fuerte. La serie correspondía a algunas perspectivas fotográficas de Hiroshi Sugimoto. Esas vistas (en las que me detengo recurrentemente, desde que las conozco), me hacen siempre pensar en la existencia de todos esos lugares en los que jamás he estado y con los que el mar infinito, más allá del horizonte, nos conecta.
Vista desde la carretera a Culiacán Sinaloa, agosto del 2005









( Postales )
La gente durante mucho tiempo lo que hacía era enviar imágenes postales (cada vez menos). Esas postales eran las fotos de alguien más listas para que uno las comprara y las enviará a otro, contándole sobre lo que nos había fascinando, eso al menos sólo en esencia, porque en realidad, el envío tenía que ver con la emoción de enviarlas desde ese sitio especial desde el que estaban siendo enviadas, ello correspondía con un acto de memoria, haciéndole saber a quien la recibía, que en dónde quiera que quien enviaba se encontrara, le tenía presente.
Las fotografías enviadas, pocas veces hacían justicia a la perspectiva que de un lugar se estuviera teniendo, lo invaluable se encontraba en la letra a mano y el ejercicio de comunicación, pero no necesariamente con lo que la imagen mostraba.
Pocas veces la imagen de la postal hizo justicia a nuestra perspectiva del entrañable sitio,
al menos no desde como lo habíamos percibido.


























