



G


Hace 10 años mientras transitamos una carretera de Veracruz, un tejaban de palma me llama la atención, pues dentro hay un arcoiris de colores en semillas.
Al inicio del confinamiento con la intención educativa hacia mi hija coloco en un recipiente algodón para germinar algunas de las semillas de esas herederas.
Hago la preparación de la tierra en surcos y quito pasto de ornato para poner ese pasto domesticado heredero de 6,250 años, evidencia encontrada en la cueva de Guila Naquitz, en Oaxaca, a unos kilómetros de Mitla.
Hago la propuesta de compartir a varias personas a mi amiga Martha Gómez que me recordó tener las semillas y a Lalo Pastrana, otro amigo.
Las semillas inician su danza después del largo letargo y espera en mi casa, suspendidas durante 10 años.
